Las monturas simbolizan la historia de agricultores


Publicado el 13/08/2019
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1Son múltiples los artefactos elaborados en base de madera en la ‘provincia verde’. Los artesanos la utilizan principalmente para la elaboración de monturas y angarillas, que son usadas para mayor comodidad del jinete al cabalgar y para cuidar el lomo del animal. Estos artículos son distintivos de los habitantes de la zona que, desde hace muchos años, se dedican a la producción agrícola y la ganadería. La historia cuenta que los primeros jinetes no tenían sillas de montar, sino que cabalgaban ‘a pelo’. Posteriormente, hace 2000 años,  guerreros de las estepas asiáticas diseñaron sillas de montar de cuero.   Este invento revolucionó el arte de montar a caballo y sirvió como apoyo para los guerreros. Montados sobre esta silla, podían luchar en forma más efectiva, ya que disminuían las caídas de los caballos, así lo explica la página especializada caballopedia.com. El oficio aún se mantiene A pesar de que las ventas han bajado considerablemente, Jorge Iván Muñoz no cambia su oficio. El joven artesano, de 31 años, considera que su labor guarda la historia y la identidad del pueblo costeño. “Aquí siempre se ha andado a caballo, y espero que eso no cambie, porque se perderían nuestra esencia y nuestras tradiciones”. Desde pequeño, Muñoz sintió afición por los caballos, lo que le permitió aprender con mayor entusiasmo el oficio que le heredó su padre cuando tan solo tenía 12 años. La elaboración de monturas y angarillas es, hasta ahora, la fuente principal de ingresos de su familia. Cuenta, con tristeza, que los agricultores utilizan cada vez menos los accesorios que él produce. “Los jóvenes ya no van al campo a caballo, y los campesinos prefieren usar sus camionetas, que cargan más y son más rápidas”. A pesar de ello, Muñoz sigue aprendiendo y perfeccionando su técnica en la elaboración de las tradicionales monturas. Asegura que en el internet ha encontrado un excelente profesor. En su oficio le colaboran su esposa María Gabriela Cedeño, y su hijo Daniel, a quien le enseña con el mismo amor que su padre lo hizo. “Entre los 3 mantenemos este negocio que es el que nos da para vivir”. La producción de los artefactos, según Muñoz, es laboriosa, pero no compleja. Lo principal es contar con madera de calidad (de árbol de mango), que el artesano compra en terrenos aledaños. La elaboración de una montura ganadera, de copa tradicional, le toma un día entero. Una vez que corta el árbol, la madera debe ponerse a secar. Posteriormente se la debe marcar para cortar las piezas y armarlas. Los acabados son los que más llevan tiempo. El valor final es de $ 60, pero puede incrementar según el modelo. El artesano realiza casi todos los modelos: “la galápago, la vinceña, de copa alta y la montura media luna; también angarillas para carga. Mensualmente, Jorge Iván vende un promedio de 3 monturas y 6 angarilllas manabas, que tienen un valor de $ 45. También elabora angarillas cruzadas, que entrega al por mayor. “En época de cosecha más se vende el producto, porque las angarillas cruzadas sirven para cargar guineo, verde, agua, y todo lo que se coseche”.




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