Doscientos años de moda: los looks del siglo XIX


Publicado el 9/04/2019
    1

1Hasta 1810 se seguía a la moda a la española. Las mujeres lucían faldas largas y anchas, enaguas trabajadas, camisa de lino con encaje, el chaleco o chupa ajustados, mangas angostas y largas, mantillas de seda o el rebozo (pieza de género rectangular, clara cubriendo cabeza y hombros); peinetas pequeñas y zapatillas de seda bordadas o brocato y tacos altos de plata– pero influenciada por Francia, con el “panier” o miriñaque de aros. En España se le agregaban detalles nacionales: abanicos, mantillas y flores en la cien. Pero la moda española llegada a Buenos Aires era pacata y pobre. Las damas reflejaban su condición más en los modales y en la coquetería que en los vestidos, que se pasaban de madres a hijas. La moda no estaba asociada al prestigio de clase y, por este motivo, la gente de menores recursos se vestía bien.

En 1808 arribó el estilo imperio a la Argentina. Eran vestidos túnica de muselina fina, abiertos, con el talle marcado debajo del busto, una sola enagua (humedecida por las damas más osadas para que pudieran verse las formas de las piernas) y escotes muy pronunciados. La importancia de la mujer en la vida política y social (tertulias) y los figurines de moda de 1820 aceleraron la llegada de la moda europea. La importancia del traje en el varón residía,principalmente, en el chaleco. Hasta 1800, el hombre usó ropa borbónica (de los Luises de Francia) y luego se ajustó a la moda inglesa (dandy), inspirada en el bello brumel. Este traje, con pantalones muy ajustados, botas altas, levitas con hombreras y corbatas ha sido modificado sólo en detalles con el correr de los años.

A partir de 1830 surgió el Romanticismo, el “culto al yo” y al ser individual. Este individualismo lo cambió todo. En las casas se encuentraban vestidos y tapizados y ya no se utilizaban mantillas. Pueden verse vestidos recargados y mangas “pata de carnero”, nada prácticos para el trabajo pero ideales para actividades sociales. Con la llegada del carey al país, el peinetón, símbolo de prestigio entre las damas, se volvió cada vez más grande. Hacia 1840, y a pesar de Rosas, la moda comenzó a afrancesarse.

En 1850 se vestían ocho enaguas y las damas se asemejaban a flores dadas vuelta. Ese mismo año apareció Worth, el primer creador de alta costura en Londres y el inventor de la crinolina (una sola enagua rígida que reemplazó a las ocho usadas para conferirle volumen a los vestidos). Hacia 1860 desaparecen los peinetones: se usa el cabello partido al medio. Francia nos envió los chals de seda y a la Argentina, donde no se usaban sombreros, llegó (en 1850) la capota, que se usó hasta 1870. El color más utilizado fue el colorado en todas sus gamas, el blanco a partir de 1845, pues el celeste, el azul y el verde eran unitarios (los federales arrojaban pintura roja a las damas que los llevaban). El oro y el amarillo vinieron de Brasil; el negro se asoció al duelo.

Llegando a 1870, “la Gran Aldea” se convirtió en una ciudad cosmopolita y elegante. Desapareció el miriñaque y surgió el polizón. Esta línea de llevar toda la importancia del vestido hacia atrás continuó, con modificaciones, hasta 1914. El uso de pendientes largos fue característico de la Argentina, y esto confería a las niñas, al mover la cabeza, cierto aire angelical. El corset, que surgió entre 1830 y 1840, se utilizó con una frecuencia inaudita y marcaba la diferencia entre las clases sociales: las obreras no lo utilizaban, a diferencia de las damas encorsetadas, que no trabajaban. Se usó hasta 1910, gracias a la difusión del deporte. A partir de 1890, desapareció el polizón y se llevaron drapeados en las faldas. El diseño es menos complicado: queda sólo una enagua y las faldas se llevan sujetadas a un costado. La blusa de lencería con cuellos con ballena y mangas abuchonadas se impuso con fuerza.

La inmigración y cambios de costumbre

El carácter esencialmente urbano de la inmigración fomentó el nacimiento de industrias y de la clase media. Algo curioso: en Inglaterra se fabricaban telas para ponchos y alpargatas (ambos aportes de los españoles). Los inmigrantes no aportaron casi nada a la vestimenta. Por el contario, procuraban vestir de manera ostentosa para poder ascender socialmente. La ropa cobró gran importancia debido a la inseguridad que esta mezcla de razas imponía. Al igual que a los muebles de los nuevos ricos, no se le exigía calidad, sino que causase impresión. Las mujeres dejaron de coser sus trajes: aparecieron modistos y sastres.​

Grandes casas de moda

La industria textil avanzó muchísimo en este período. En 1872 comenzó a confeccionarse tejidos con hilados importados. Ese mismo año apareció la primera fábrica de paños dedicada a la lana, la materia prima más abundante de nuestra Pampa.

En 1879 nuevas fábricas de paños, camisas, sombreros y tejidos emergieron en Buenos Aires. Aparecieron, también, la máquina y el salario y, con ello, una mejor calidad de vida.




©2019 Radio Clásica Digital
:: Provisto por: Tucuman Radio