El alucinante parque de esculturas en una isla de las Maldivas que solo puede verse buceando


Publicado el 15/01/2019
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1Ni el turismo activo (una jornada de buceo en las aguas turquesas del Océnao Índico) ni el pasivo (playa, piña colada y siestas largas) deberían estar exentos de arte. Así lo cree el Hotel Joali, en la isla de Muravandhoo, en plenas Maldivas. Y, por eso, decidió convertirse en el primer art hotel inmersivo del archipiélago. Para ello recurrió al joven equipo del estudio NO LaB, ubicado en Estambul, al que encargó comisariar su proyecto artístico.

Sus fundadores, Ala Onur y Zeynep Ercan, concibieron entonces un enorme parque escultórico al aire libre en el que los huéspedes del hotel pudieran interactuar con las piezas. “Con ello eliminábamos la distancia entre la obra de arte y el espectador”, explican. “Eso permite un nuevo tipo de experiencia, creando un estado de coexistencia entre el arte, el artista y la naturaleza”.

Poner en pie esta idea tuvo sus dificultades, sobre todo por las complicaciones climáticas, pero ninguna supuso un reto tan extremo como el jardín submarino de corales que ha creado el artista y diseñador estadounidense Misha Kahn (Duluth, Minnesota, 1989), cuya casa —una frikada con espejos de marco hinchable y sillones de peluche— visitamos el abril. Hace tiempo que Kahn trabajaba diseñando piezas compuestas con restos y objetos encontrados en el mar —”la basura me fascina”, reconocía en aquella visita—, así que de alguna manera su trabajo en las Maldivas es una forma de restituir al Océano lo que este le ha dado.

“La idea de llegar a hacer un trabajo que se experimentara debajo del agua y que además estuviera relacionado con mis preocupaciones sobre la salud de nuestros océanos me pareció muy excitante”, cuenta a ICON DESIGN. Después de un largo proceso de reflexión, construyó siete grandes esculturas de mosaico y azulejo, bajo la inspiración de Gaudí y la artista francesa Niki de Saint Phalle.

“Quería capturar la energía orgánica de las formas marinas naturales, y también hacer algo jubiloso e inesperado. Realizamos las piezas allí mismo, sobre la arena de la isla”. Una vez terminadas, se cargaron en una barcaza y se colocaron en el fondo del océano una por una, con la ayuda de enormes ganchos metálicos. El resultado es su trabajo de mayores dimensiones hasta la fecha.




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